La misa

- Viste lo que es!!! Impresionante!!! Mirá la gente, que locura! Ahí sale!! Escuchá “Barba Azul”!!
- No seas hijo de puta, ¿desde acá vamos a ver?. Boludo ¡estamos a tres cuadras!, no me digas que me hiciste gastar 800 mangos para esto. -¡Pero que me importa la gente, si no se ve un carajo!. ¿Pagamos para ver desde acá, boludo?, no te puedo creer!!, esto es un ruido!, no sé cómo mierda te hice caso para venir. ¿Vos viajaste a Mendoza y de Salta para ver así?... ¡Mirá Colo, todos esos ahí al costado, están desmayados, dormidos!, ¿escuchan así?.
-No, bueno, son las bandas, el aguante, van a todos lados.
El Colo tiene más o menos mi edad, estudiamos juntos en la facultad, él después dejó, pero seguimos en contacto. Hacía mucho que no nos veíamos y como venía de Buenos Aires para ver el recital de Olavarría, pasó por casa a visitarme, para terminar con los innumerables amagues y promesas de encontrarnos a comer un asado y tomar unos vinos. Me hinchó tanto las pelotas de que lo acompañe al recital, “…que hace mucho que no nos vemos…”, “…que una vez que vine hasta acá…”, “que…” etc. etc., que le tuve que decir “bueno vamos”, aunque muchas ganas no tenía.
Cuando estudiábamos en La Plata con el Colo, andábamos siempre juntos, íbamos a todos los recitales que podíamos, si teníamos guita, sino lo escuchábamos desde afuera, y ahora, después de tanto tiempo de no estar juntos, lo veía con la misma felicidad de esa época, como si no hubieran pasado los años… por supuesto que sólo en ese aspecto, porque en lo demás los años lo habían pasado por encima como una manada de elefantes, estaba bastante hecho mierda el Colo, chupa, fuma como un condenado, algo encorvado, no se mueve, no hace nada, el resultado de la típica vida sedentaria del que está todo el día en una oficina de Capital sin tiempo ni siquiera para ir a un gimnasio.
El Colo bailaba, se hamacaba, saltaba, disfrutaba como loco, se me ponía de frente y extendía el brazo hacia atrás moviéndolo como si estuviera abriendo una cortina, apuntando finalmente, con la mano abierta, hacia donde suponíamos que estaría el escenario (que en realidad lo ubicábamos por la parrilla de luces, ya que era lo único que se veía desde esta distancia), como para graficarme con la mímica, la descomunal convocatoria de este músico. Para que se entienda, el Colo hacía un movimiento frente a mí como si le estuviera dando paso a un rey pero sin reverenciarse, algo así. Todo porque yo, durante el viaje, puse en duda la convocatoria y minimicé la cantidad de gente que había en el campo.
-Y si, gente hay mucha, le dije, pero que me querés decir haciendo así?, lo que yo te digo es que no vemos nada y con el viento se escucha más o menos, ¡que quilombo!, desde acá para mí es un ruido, que querés que te diga. Si sabía que había que ver por pantallas ni venía.
La mayoría de los temas los conocía, era como si hubiera retrocedido en el tiempo 30 años, los escuchaba en esa época, y cada tanto la banda mechaba con algunas canciones nuevas, bastante horribles a mi entender. Cuando sonaban estos temas desconocidos había momentos que me parecía estar en el patio de casa escuchado la amoladora insoportable del carpintero de la vuelta, en otros, un sonido algo similar a los golpes de martillo que hacen los herreros para enderezar las chapas, y a veces, el punteo de las guitarras, me hacían acordar a la sierra del carnicero cuando le pido que me marque el costillar para hacerlo al asador. No continuamente, más vale, porque si no me hubiera ido a la mierda, cada tanto el chabón cantaba, dijo que le hacía mal, que lo ayuden con el canto, pero no se le entendía mucho, o al menos yo no entendía mucho las letras, lo que sí veía era que cuando tocaba temas viejos, todos cantaban y saltaban, pero cuando tocaba canciones propias, o sea que no eran de la banda anterior, nadie conocía las letras ni nada, la multitud no acompañaba. En un momento discutía con los de adelante porque hacían quilombo, paró el recital, prendían las luces, pero nosotros de tan lejos ni enterados que pasaba.
-Andá a saltar que ya termina Colo, yo te espero acá en el alambrado -le digo cuando ya tocaban la última canción.
….
-¡Dos horas y media Colo para subir a la ruta!, ¡increíble!, tardamos más en salir del predio que lo que duró el recital, para que traen tanta gente?, hacé tres fechas y listo. Encima no hicimos las compras para el asado de mañana, espero que haya algo abierto mañana al mediodía porque acá la mayoría de los negocios cierra los domingos.
-¿Y? ¿Qué me decís ahora?, lo que hablábamos cuando veníamos, nadie convoca más viejo, ni los de afuera, las mayorías dominan, siempre tienen razón -dijo el Colo como para empezar la discusión de siempre.
Con el Colo teníamos esas discusiones antagónicas interminables, en la que nadie tenía razón al final, pero argumentábamos como para ganar por toda la cuenta, echábamos mano a cualquier ejemplo para fortalecer nuestra posición, aún los más descabellados, aún los más disparatados, pero dejábamos todo, como dicen los jugadores de fútbol, era como si nos gustara buscar temas bien contrapuestos: jugar bien o ganar, si un país debía importar todo o producir, peronistas o radicales. Los dos hinchas de River, así que ahí discutíamos más en particular, sobre quién tenía que jugar o cómo se tenía que parar el equipo en la cancha. O incluso si al DT había que echarlo a la mierda o no, etc.
-No siempre, Colo, no siempre -le contesto, sin sacar la vista de la ruta, como para demostrarle que estaba en guardia con una idea totalmente opuesta.
-¿A vos te parece que tanta gente puede estar equivocada? -me preguntaba de brazos cruzados y mirándome de costado. -Fijate lo que fue el final nomás, toda esa marea humana saltando…
-Y qué se yo Colo, no es que puedan estar o no equivocadas, lo que digo es que puede haber gente que no le guste lo que le gusta a la mayoría, y por ahí tienen razón, o vos te crees que las multitudes siempre tienen razón?
-Y, por algo son mayoría.
-En este caso se ve que el tipo tiene una convocatoria impresionante- le digo, -eso está claro, pero si seguimos el razonamiento de que los más numerosos siempre tienen razón, solamente por lo que se cree que es el sentido común o por la fuerza de la mayoría, nunca hubieran descubierto América.
-¿Y eso que que tiene que ver?
-Algún día te voy a contar bien la historia la conquista, pero justamente tiene que ver el razonamiento porque en esa época un solo hombre tenía una teoría distinta, diferente de lo que pensaba la mayoría de esa época, no sé si lo ubicás al hombre, se llamaba Cristóbal Colón.
Hoy, si hoy viviera Colón, se te caga de risa en la cara con tu defensa acérrima del poder de las multitudes. Se para frente a todos estos, los mea y se les caga de risa en la cara. Te cuento, cuando Colón aparece con la teoría de que la tierra era redonda y que navegando para el oeste llegabas a la China, India, etc., la mayoría decía que la tierra era plana, que más allá de las Azores había un abismo, que ese mar estaba plagado de monstruos gigantes y cosas por el estilo, ¿Y sabés que hizo Colón? ¡Encaró el mar igual, papá!, ¡Con un barco que era una cáscara de nuez! Se cagó en todos los reyes, príncipes y eruditos teóricos de salón de esa época. Y no tenía una multitud como ésta en contra, ¡tenía a toda Europa en contra!, Portugal, Francia, Inglaterra, Austria, Alemania, que eran 2 o tres países de ahora, Italia y encima al Papa, al Papa también lo tenía en contra, ¡Mirá si les hubiera hecho caso…! ¿Y al final quién tenía razón? ¡Colón, querido….!, la tierra era redonda, no llegó donde decía pero más allá del mar encontró un continente. Por eso te digo, no siempre Colo, no siempre…La próxima invítame a un recital con menos gente pero que por lo menos se pueda ver y escuchar tranquilo la música, y si es posible sentado en una butaca. Ah! y además que toquen temas nuevos, porque la mitad del recital son las canciones que escuchábamos en la época de la facultad, hace 30 años, en el 87, cuando teníamos de profe en la cátedra de Dibujo I al Mono Cohen (hoy “Rockambole”), que nos invitaba siempre a los ensayos de una banda de rock a los que nunca fuimos porque para nosotros era malísima.
Me di cuenta que el Colo había perdido la gimnasia de la discusión, así que me paré en los pedales, (como dicen los ciclistas cuando quieren embalar) como para dejarlo nocaut.
-Pero bueno Colo, me imaginaba que por algo le dicen “Misa” a estos conciertos de rock. Vos cuando vas a misa ¿qué vas a escuchar?, siempre lo mismo, siempre el mismo recitado, Ya sabés de antemano hasta cómo se viste el cura y con qué rezo termina. Y acá igual Colo, acá igual. Por ahí es la nostalgia. Calculá que la Iglesia Católica hace más de 2000 años que da la Misa, de la misma manera, y con los mismos textos de siempre, y la gente aún sigue yendo a las parroquias. Así que quedate tranquilo, la gente, que es lo que a vos te preocupa, va a seguir yendo, y mucha, muchísima por lo visto.

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